Author Archive for Ana Valdés

Visión caótica de un beodo

PREMIO JOVEN patrocinado por papelería y librería Papelicopy

Jose Juan Tomás Amorós.

 

Me pierdo;

Como se pierde el frío en los inviernos de Alicante,

Como se pierden los pasos curvos de un ebrio

Caminando por las aceras.

Me pierdo como se pierde mi aliento

tras la barra del bar,

y vuelvo a soñar que mi noche

acaba en tus sábanas, o lo que es igual:

lejos de este mundo.

 

Últimamente mi viaje más exótico es al bar de la esquina.

Allí soy protestante, católico, ortodoxo, judío,

budista, moro, cristiano y a veces apache.

Da igual, me transformo en el mejor hombre,

Que aun a esa medida,

es casi lo mismo que intentar llegar

al tobillo de cualquier mujer.

 

Esta banqueta es mi trono, mi atril, mi futuro,

La barra una lanzadera hacia el pasado,

y este elixir; el líquido de las verdades.

Sorbo a sorbo se abrasa mi garganta

y en poco más de una hora todo quema,

quema la sangre, quema la guerra,

quema la esperanza, arde la fe.

Es humo la PAZ; la paloma.

 

¡¡Apaguen la televisión señoras y señores!!

 

Hay un incendio de gente en la tierra

y a mí me da pena,

ardiendo de ira, prendiendo la vida.

Otro trago más y existo, luego pienso;

Cuando los sueños no vistan alas

y los pasos vayan descalzos

¿Quién sabrá caminar sobre ruinas?

Se nos olvidó andar de la mano por lo construido.

¿Todavía no se han dado ustedes cuenta?

Quema el respeto, quema la raza,

arden los cuentos, son cenizas los niños:

el futuro.

 

Quién le hará el funeral a la tierra

Si acaso no es cierto

que ya formamos parte del luto.

Sigo bebiendo tras esta barra,

un trago y otro trago, y otro, y otro y no consigo olvidar

¡Maldita sea!, ¡no consigo apagar mi sed!

Mientras ahí afuera, en esa calle gris todo se deshace,

sigue quemando el hambre, sigue ardiendo la causa,

los valores.

Se hace humo el país: el progreso.

 

Me da miedo pensar que los borrachos siempre dicen la verdad,

Pero es que hay un incendio de gente en la tierra

Y a mí me da pena,

porque ya nos quedamos sin agua

y no podemos apagarlo.

Tras la barra del bar

FINALISTA: Francisco Javier Rodenas Micó

 

Tras la barra del bar

solo el silencio

abierto y desangrado.

 

Tras la barra del bar

duerme un poema

de versos cenicientos.

 

Tras la barra del bar

vuela un vacío

de luces hoy extintas.

 

Tras la barra del bar

cruza una barca

sobre olas que no regresan.

 

Tras la barra del bar

un nombre escrito

devorado por el hambre.

 

Tras la barra del bar

ciegos los ojos

ciega la luz de su reflejo.

 

Tras la barra del bar

todo equipaje

de un viaje sin destino

 

Tras la barra del bar

la última hora,

el último suspiro.

 

Tras la barra del bar

fluye su imagen

sombría e inacabada.

 

Tras la barra del bar

naufraga un verso

de nubes que no pasan.

 

Tras la barra del bar

llega la noche

densa, desgarrada.

 

Y luego otra noche

y otra, y otra más

Tras la barra de un bar

que ya no asoma.

Bebidas rivales

PREMIO «Poeta Amalio Gran» patrocinado por la Sede Universitaria de la Universidad de Alicante

Alejandro Rafael Alagón Ramón.

 

El soporte recoge la ciudad de botellas

que conviven errantes, sometidas de pronto

al antojo del cliente que reclama un licor,

un brebaje en el limbo de las conversaciones.

 

Redomas que, a  menudo, esconden viejos líquidos,

y alojan la quietud del alcohol que aprende

las miserias de un hombre o las costumbres nómadas

o el territorio oscuro de los seres efímeros.

 

Con el llanto espontáneo del coñac en la copa

se apaga un suspense, la mirada indecisa

del pensador noctámbulo que otea el cansancio

de cada camarera en la barra del bar.

 

Ciudad, villa, arrabal de bebidas rivales,

de frascos que compiten por atrapar el ímpetu

del comensal, del huésped de un mostrador inhóspito

que olvida los fracasos, las confidencias gélidas.

 

Así son las botellas que en su letargo aguardan,

que en su marsupio acogen una gruta insondable.

El camarero arroja un cadáver de vidrio

en el contenedor. Llueve, los perros ladran.

El amor de mi vida

FINALISTA: Rosa Mª Llorens Ronda

 

Día gris.

Día frío.

Ilusión de domingo.

Mis caderas juegan

con el anticuado abrigo.

Mi pelo baila

con mis latidos.

Paso por la esquina,

Miro hacia dentro,

Allí está él,

Tras la barra del bar.

 

Brisa cálida.

Alegría en los árboles.

Y en mi rostro

Ya maduro.

Mis caderas acarician

La sensual y elegante

Falda roja.

Doblo la esquina.

Miro por la ventana.

Allí está él,

Tras la barra del bar.

 

El Sol lo inunda todo

De amarillo,

De calor.

Mis afligidas caderas

Lo agradecen.

Mi boca sonríe,

por el regalo.

Me acerco a la esquina.

Me paro en la puerta.

Allí está él,

Tras la barra del bar.

 

El suelo se ha cubierto

de marrones, granates y dorados.

Un aire fresco

Besa mis apagados ojos.

Mis cansadas caderas

Han intimado con el sillón.

Me llevan.

Me acercan a la esquina.

No miro hacia dentro.

No está él,

Tras la barra del bar.

Dípticos de sonetos tras la barra del bar

FINALISTA: Sandra María Palacios Garrán

 

1.- Encontrando consuelo tras la barra del bar

Tras la barra del bar tiene la vida

un gozoso sabor a ron con cola,

nos tienta la emoción como una ola

por vientos de poniente sostenida.

 

Tras la barra del bar, cualquier herida

no nos hiere tan hondo, nunca asola,

y se siente, de pronto, menos sola

el alma desolada y aterida.

 

Tras la barra del pan, en lo profundo

la soledad se escora a la alegría

y el corazón es menos vagabundo.

 

Tras la barra del bar, quién lo diría,

halla luz y piedad, alivio, el mundo;

y encuentra el solitario compañía.