Author Archive for Ana Valdés

Tras la barra del bar

FINALISTA: Mª José Honguero Lucas

 

Ahí estabas, tras la barra del bar,

con cien universos en los ojos

mirando a ningún sitio, herida de silencio,

curvándome los sueños,

columpiando en tus manos las migajas

de esos pájaros de hielo

revoloteando al fondo de tu vaso.

 

A un centímetro el murmullo, el mundo

tarareando su himno roto,

su canción sin alma,

esculpiendo una trinchera en cada gota prófuga,

tejiendo lentamente esa mirada

con que atrapar mi lluvia.

 

Yo al otro lado,

regalándole el aliento a los cristales más turbios,

al borde de tus labios,

inventando teoremas por si acaso

donde encerrar por siempre

la bisectriz de nuestros cuerpos enfrentados,

vaciando las copas y frenando

las ansias por beberte.

 

Ahí estabas, obvivando

cuanto no fuera espejo de tu mar airado,

prestando tu silueta a los ilusos,

a mí

que sentí bien tu calor de invierno

acariciándome las alas,

la humedad de tu boca desmembrada

en mi verso desierto.

 

Llegó la penúltima y te fuiste

como un alud inconsciente

y yo quedé sepultado en la noche perpetua,

recogiendo las sombras de mí mismo

de las huellas resecas de cerveza.

 

Desde entonces

sirvo un vaso con hielo a aquel rincón

donde me perdí contigo,

por si escuchara cantar a los gorriones.

La sexta -o la séptima-

FINALISTA: Adrián Serrano Sanz

 

No renaces

antes de la sexta -o la séptima-

y entonces renaces como el grosor del filo,

como la sangre por dentro de la camisa,

y entonces otra,

y tú otro, y yo otra.

 

La medida de consumirse es una estaca flexible;

lo de dentro recorre las huellas,

y entonces otra,

y tú otro, y yo otra.

 

Tanteo las calles como una ausencia

y tu caída

en una ligadura de terciopelo

con la cicuta,

y para cuando amarillea el cristal

el vaso es una nota

de este retorno -y de todos-,

la vida era

todo eso que cabe,

lo que no se negocia;

la ausencia de los huesos,

la supresión de uno – y de todos -.

 

Y yo lidiando esta muerte

y este continuo sumergirse

en el líquido y dentro,

pero estos muertos tienen un nombre

pero este descenso tiene un nombre.

 

A menudo al otro lado de la barra

había una sinfonía

de heridas y carneros desangrándose,

de ojos tan mutilados como la muerte,

 

de un espacio ajeno, de la tierra quemada,

de desprenderse -como quien se desprende de sí mismo-;

 

y entonces bebían -y bebíamos-:

todos querían divertirse

en este último baile, en todo esto.

 

-Hoy es martes,

la séptima (has renacido en la segunda).

Te intuyo como una invasión,

como vomitar solo a las siete en el baño

o el vecino con los perros-.

 

Quizá este lidiar sea un naufragio.

 

En el bar de la frontera

FINALISTA: Miguel Paz Cabanas

 

En el bar de la frontera

hay hombres que me sueñan

como si yo fuese

su última esperanza.

 

No me refiero al ocaso

ni al deseo,

sino a un temblor

que es solo añoranza,

dolor apremiante

que no consiguen resolver.

 

Beben como ángeles

expulsados del paraíso,

trémula,

lentamente,

con sorbos avaros y lastimosos,

y en su gesto,

en la sombra cárdena del olvido,

solo hay cenizas y desgarro,

pureza y cicatriz.

 

Los miro sin énfasis,

desde la sombra,

y a través de sus ojos

y su miedo

veo paredes descascaradas,

perchas y camas,

roperos que se vacían,

anónimamente,

en vísperas silenciosas.

 

A punto de dormirse,

el cigarrillo en la comisura,

la noche sobre los ojos,

son incógnita o plegaria,

y esos hombres y el deseo,

con su lujuria frágil,

con su piedad marchita,

zozobran en mis canciones

viejas,

como salmos inaplazables

 

Y me pregunto,

lápida y herejía,

en esta noche lenta,

cuándo me llamarán,

cuando segarán los tréboles,

en qué banco helado y proscrito

dejarán su alma

para soñarme sin tregua.

Gin Fizz a destiempo

FINALISTA: Amando García Nuño

 

Navegar en un vaso 

hacia el reino de las sombras

(Julio Ramón Ribeyro)

 

Lo que te iba a pedir, probablemente,

era esa cercanía en vaso largo

que da el alcohol

cuando la soledad busca acomodo

de taburete, el sueño efervescente

licuando la amistad

entre hielos, al borde de la ausencia,

 

también te pareció que deseaba

probar el combinado

de un amor a destiempo con dos gotas

como deseo al fondo, los ardientes

labios que removieran

el poso amargo de las noches rotas,

memorias de otros bares en penumbra

cuando había futuro,

lo que quiso

encontrar, probablemente, era un sorbo

de infinitud sin plazo

ni limón añadido, la nostalgia

destilada de aquellos

días en que beber aún no dolía,

pero solo alcanzó

a pedirme un gin fizz que no albergara

clara de huevo ni esperanzas blancas.

 

Reconociste en él, por un instante

la huella temblorosa

de quien fuiste, el brindis ancestral

con la fugacidad de un imposible

sentado tras la barra.

Y preparaste el cóctel, no era tiempo

de añadir añoranzas

a ese amargo dulzor que se diluye

como un cerco de olvido a medianoche.

Poeta de servilleta

FINALISTA: Javier Ruiz Cerdán

 

Poeta de servilleta.

Pasaste media vida tras la barra del bar.

En tus dominios de paredes transparentes.

Las mismas caras de siempre viendo pasar.

Variedad, de todo, curiosas e indiferentes.

 

Poeta de servilleta.

Recuerdo aquellas barbas que ocultaban tu «Gran» sonrisa

y tu flequillo de lado, casi tapando tus ojos claros.

Recuerdo tus carcajadas, tus enfados,

tus comentarios, el dominó, los dados…

 

Poeta de servilleta.

No te hizo falta metralleta,

Tus armas, balas de letra.

A veces palabrotas.

Unas vivas y otras rotas.

 

Poeta de servilleta.

Tú, una birra, y yo, un peta.

La barra es un sitio que implica.

Mucho aguante mucha fiesta,

Y que no falte la música.

 

Poeta de servilleta.

Tu casa era casi un hogar,

pero lo que sí era (o fue), es meta.

Encontrarse a disfrutar,

del beber y del charlar,

Y esperar a que un cometa

nos cerrara nuestro bar.