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Sé que

Sé que una comerá

devorará mi chaquetón

raído,

besará mi almohadón

destripado de sus plumas,

vigilará mi noche

abrillantada de llanto.

Son la una, las dos,

son tres y cuatro

y suenan a cinco

¿Qué harán sin mi cobijo?

¿Cuál colchón será su cama?

Compraré las flores

soplaré su aliento

sembraré pavor

Sin chocar y dañar

la suavidad

sin quejas de mordaza

                de dé de dedo

sin fé de fecundidad

sin reposar en

búsquedas de

ella.

Sin mapas de carretera

SIN MAPAS DE CARRETERA

Natividad Poveda Vidal

 

Me sumerjo en la vorágine

que habita en mi mente montaraz.

Maraña de ideas obtusas,

y emociones ingobernables,

vigilantes y trasgresoras.

Evadiendo la realidad impuesta.

Una realidad, que no es la mía.

Me dejo llevar, o tal vez no…

Solo persigo mi naturaleza.

Pensamientos divergentes,

subsistencia dispar.

Sueño de forma distinta a la tuya.

He abandonado las formas,

las rectas, las curvas… cuadrículas disformes.

He dejado atrás las carreteras,

que aparecen en tus vetustos mapas.

Ahora, me guío por mis instintos.

Dibuja mi rostro la libertad de ser yo mismo,

al menos, aquel que deseo ser.

Caminando en mi lado salvaje,

indomesticable…, insólito…

Así es mi diferencia. Todo se arriesga.

Tal vez encuentre mi muerte.

Eso…, seguro.

Tal vez, también encuentre la tuya.

Mientras, viviré doblegando la rectitud impuesta,

pisoteando las normas que nos constriñen.

Surcando las hoces de un río

de tempestuosos fluidos.

Decido manejar mi camino,

domando las bravas turbulencias,

desembocando en aguas de satisfacción

por haberlo conseguido.

Finalista IV Certamen Amalio Gran

Por el camino

Por el camino de la puerta de hierro

entró un día de caracolas un hombre moreno

sus pasos lentos parecían mirar las piedras

Se paró. Ante la gran pared que anunciaba el olvido

rezó, de próximas arenas brotaría laureles y soles

para recoger las viñas que sembró

antes de entrar, oscuro y roto, en la inconsciencia

Senderos hay que se abran a mis pasos

llanuras rompiendo el horizonte

que se curvan ante la aurora de la madrugada

cuando oscurecen todas las estrellas

Si el ser nocturno rechaza la luz

la puerta abierta se torna cerrada

y los bailes de luna y alcoholes

transmutan las células en abismos

Casi parece la brisa un tálamo de flores

y el huracán un golpe de alondras

pero cuando cruzo el espacio que me separa del umbral

siento como una espada y cien cuchillos latiendo a mis espaldas

 Será una noche de brumas sólidas

de hielo encapotado el cielo y las nubes

la  lluvia será sangre de cordero de Pascua

   y yo estaré nadando a la sombra del ciprés de mi tumba