COINCIDIMOS AQUÍ

A la sombra del poeta que escribía para vivir
coincidimos aquí
los que estamos cansados de eufemismos hipócritas
y del lenguaje “políticamente correcto”
Los que no creemos que los fracasos que hemos acumulado
sean victorias postergadas.
Los alérgicos a las religiones viejas y todavía más a las nuevas,
porque sabemos que Jahvé o Jehová, la triada Brahma, Vishnu, Shiva,
Bahá, como antiguamente Odín o Wotan y otros más
son rótulos, abusivamente impuestos
al Único que no acepta ser mercadeado por ninguna religión.
Coincidimos aquí, los que sentimos
que las genuflexiones y los besamanos no son ejercicios sanos.
Estamos firmes sin dar un paso al frente
pero también, sin retroceder,
porque en este mundo errático, inestable, impredecible,
cambiante al vaivén de intereses y conveniencias,
usualmente inconfesables
a cada momento varían nombres, fronteras, límites
y, sin haber dado un paso,
uno queda, a veces “IN” y otras “OUT”.
Coincidimos aquí los que dudamos,
desconfiamos de todas las certezas
-sobre todo si son enfáticamente sostenidaspara
los que, si algún día 2 más 2 no sea 4
no sólo no constituiría una sorpresa
sino más bien una esperanza.
Coincidimos aquí los propietarios de muchas decepciones
y de ruinas de proyectos y sueños.
Perdida la Fe en la Ciencia, la Religión, la Política, la Economía
dejamos que las ilusiones se eleven como globos de helio
hasta ser reventados por el sol.
Para unos, Dios se les escapó entre los dedos
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como el más escurridizo de los peces,
para otros se disolvió como una pompa de jabón,
pero no faltan los que dicen que lo verían en la esquina
si voltearan repentinamente la cabeza
y hasta creen percibir su sonrisa,
pero casi todos: ateos, creyentes, agnósticos, místicos,
nos sentimos, en mayor o menor grado, solos
frente al caos generado por la desbordada ambición económica
y el afán de poder:
cada árbol derribado no erosiona y desertifica también el alma,
cada bala que disparo me destroza
y en cada bala que recibo, yo asesino.
Ya no compartimos con Camus, sesenta y tres años después,
que haya en los hombres más cosas dignas de admiración
que de desprecio.
Así, y todo,
sin embargo,
coincidimos aquí,
tal vez, para tomarnos de la mano
y naufragar acompañados
o,
en un nuevo intento:
calafatear los sueños
y remendar la esperanza.

Luis Fernando Patiño López