VOCES DE UNA VIDA

Se abrieron mis oídos al mundo
antes que mis ojos pudieran contemplarlo.
Entrecortada por un llanto de felicidad
me envolvió cálida
aquella primera voz
¡Hijo!
crecí oyéndola entre caricias, mimos,
nanas y leche tibia de amor.
Comencé a distinguir todos aquellos sonidos
que me llegaban como bandada de palomas liberadas
a las que era imposible hacer volver
una vez abiertas sus jaulas.
Cabalgaban a lomos de caballitos
en un carrusel infantil de algarabías, gritos y carcajadas.
Aprendí que las voces hechas palabras se dibujaban
como un barco, un castillo, una casa.
Hay tantas voces en una vida que te hablan.
La del viento entre los árboles, el eco en la montaña,
el agua fluyendo por ríos y cascadas,
a orillas del mar, en la playa
el susurro del mar atrapado en una caracola.
En campos amarillos de maduros trigales
suspiros sofocados de pasión
ahogados por labios rojos como amapolas.
Viajeras voces lanzadas al viento como saetas
para no volver jamás.
Mensajeras de tabús, vergüenzas ajenas,
aves de hipocresía anilladas.
Voces que aconsejan, acarician, sanan,
te destruyen, te condenan o te salvan.
Atrapadas en gargantas cautivas,
presas de sí mismas, encarceladas.
Murmullos de medias verdades
sobre un fondo de mentiras encaladas.
Nacidas muertas, sin el consuelo
de un ciprés de sombra alargada.
Cantos de sirenas que hicieron de mi un Ulises
amarrado a un mástil de silencio
para evitar el naufragio al que me arrastraba
palabras que no existen.
Alegres voces formadas por ramilletes de letras
tendidas al sol de una alegre mañana.
hechos de brindis, felicitaciones y humoradas.
Voces que lo dicen todo sin pronunciar nada
palabras no dichas ni habladas,
más altas, sonoras y fuertes que los gritos.
¡La voz de la mirada!
Cuando llegue la hora temida
se cerrarán fatigados mis ojos.
Oirán mis oídos la última voz
¡Descansa!

José Manuel Ávila Muñoz

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