Author Archive for Jorgeka

Poema a falta de epitafio

El recuerdo es cuanto menos onírico;

una extraña oración

sin afán ni atadura,

que dota al individuo de cordura

y que, sin él, uno queda inhibido.

El vaivén de las horas sin acierto

convierte al ego en loco,

¿cómo entonces prolongar su estadía

sin que se acabe muerto?

He aquí la salvación:

Escribe, escribe y escribe

hasta que el papel pierda simpatía

por tus manos, por tu sed, por tu cuerpo…

Hasta que el último verso derribe

tu peso a desazón.

Plasma sobre lo blanco tu memoria;

finge que eres experto

en escupir sangre, dolor e historia

a través de tus dedos

y teniendo muy poco.

Deshazte tira a tira y hueso a hueso

narrando lo vivido;

que al final morir, tan sólo morimos

si la gloria, el querer y los miedos

caen en el olvido.

Esther Alvira Cruz

AMOR

Os llamé muchas veces – muchas, muchas veces –

en la noche, en esta noche,

cuando la locura cavaba una hoguera sobre nuestro nunca,

os llamé muy bajito, lleno de angustia,

como ahora.

Dibujaba vuestros nombres,

los escribía sobre la lluvia,

sobre la nieve,

abrazaba las imágenes de nuestro siempre,

nuestros jardines que

se fugaban,

velocidad, ceniza, desequilibrio,

como ahora.

Si me escucharais caminar

cómo bajo

sin estrofas ni rimas,

cómo bajo

hacia la ternura,

hacia la tristeza,

cómo llevo este animal vivo y enfermo

que se apaga entre mis brazos,

el fantasma de lo que no fuimos,

esta música que se quiebra

que no tiene forma

en las nieblas del lenguaje,

que se derrumba

porque es deseo y nube,

que se deshace

como la cabeza de un niño

contra los muros de un manicomio.

Si recordarais cómo muchas veces os llamé,

muy bajito,

en esta noche,

como ahora,

mis dulces, mis queridos amigos,

estáis todos muertos

pero no tanto como yo,

y esta música

se hunde en la carne de nuestro siempre,

en la carne de nuestro nunca,

y porque sabéis

que tuvimos un sueño

aunque no supimos cuál era,

y porque a veces

acariciábamos las piedras

como si fueran dragones (…)

Si pudierais escuchar

cuánto os echo de menos,

si os abrazara

otra vez,

en esta noche,

en esta niebla,

donde ni la memoria ni la voz

poseen ya una estructura

que resista la lluvia, los golpes,

solo este susurro,

este a punto de llorar,

escribiría, por no morir tan solo,

la melodía precisa,

la letra de todo lo que amé.

Pero es tarde,

muchas veces es tarde casi siempre,

y, sin embargo,

esta suavidad,

este sol,

estos días,

esto que se rompe

mientras la rana se zambulle

en el agua

y el grifo de la cocina

gotea

en la oscuridad.

      Jordi Gandía Navarro

La última defensa

Se averió el GPS

de la luna

y el cielo es una fotocopia

de mi ánimo.

El sueño agotó su batería

y el blíster acabó su contenido

de pastillas celestes.

Maradona discute con Nacha Guevara

o mis ojos están mirando

diferentes canales.

Un gallo con pretensiones de noruego

avisa que llegó la aurora,

a las dos de la madrugada.

Una moto quiebra el silencio

llevando urgencias a otro lado.

Los infiernos deciden instalar

su campamento

y no me queda más defensa que el poema

para llegar a la mañana.              

Juan Pablo Goñi Capurro

Algo bueno

Vencidos los páramos

¿dónde queda la gloria?

Los camareros sirven copas de vino y jarras heladas,

y el queso fundido se vierte como lava

sobre pobres gargantas cansadas.

Helado de chocolate con limón

y mujeres hermosas en la playa.

Vestidos de seda y camisas blancas.

Deberían vivir en el cielo,

pero aquí duermen con nosotros,

aquí sacian su sed.

Miro a mi alrededor y veo viajes y miedo,

pero la derrota está aún muy lejos.

Cogemos las maletas con fuerza y lloramos

y seguimos produciendo buena música y buena cerveza.

Ríos de hielo que comienza a derretirse.

Y los pies se levantan un poco del suelo,

lo suficiente para mirar a Dios a los ojos,

y desear vivir el próximo segundo.

Recuerdo jugar al escondite con los demás niños,

los besos,

el delantal manchado

y las ranas del estanque

y veo que el eco de las risas no suena hueco

y la lluvia es dulce cuando cae sobre mis párpados.

La tinta sigue fluyendo

y aunque haya muerto varias veces en esta vida.

Algo más hace falta.

Algo bueno.

         Daniel Díaz Marquiegui

Taquicardia

Vencer al miedo y mis taquicardias reflejas

que me entran cuando me explota la cabeza,

escribo llorando, suplicando, rogando

que los versos me alivien,

y cuando llega el final

todo vuelve al mismo sitio

de donde no se podía arrancar;

y sigo odiando mirando al vidrio

mientras me digo

que escriba algo más bonito, más puro

más intenso, más perfecto;

pero acabo siempre volviendo a empezar

igual que cuando me despierto

y siento encima mio el universo,

empiezo de nuevo si mi cuerpo

ya no es lo que siento

empiezo cuando termino

y termino cuando muero,

empiezo comenzando

con lloros muy intensos;

prosigo buscando el alivio

y lo encuentro en medio

de un oasis perdido

en una efímera casualidad;

encuentro aire en un segundo

que vacía y llena de felicidad;

prosigo,

hasta que entro en el éxtasis

de reirme del mundo.

Ignorando mi vida,

haciéndola de mentira.

estando demasiado viva:

con heridas abiertas

que no se curan

solo se infectan.

Cecilia Suárez Lastra

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